Me cuesta creer en la sociedad en la que vivimos.
Movimientos nuevos —con sentido o sin él— pueden movilizar miles de votos.
Los animales, no.
Y no porque no sufran.
Sino porque no votan.
Y precisamente por eso alguien debería hacerlo por ellos.
Todos merecen ser defendidos en sus derechos y en sus ideales.
Eso está bien.
Las sociedades avanzan porque hay personas que levantan la voz por distintas causas.
El problema no es ese.
La incomodidad aparece cuando veo que se sigue votando por los mismos hijos de puta de siempre desde hace décadas…
mientras ignoramos a quienes ni siquiera tienen la posibilidad de defenderse.
Porque los animales no votan.
No marchan.
No hacen campaña.
No hacen trending topic.
No cancelan a nadie en redes.
Los animales solo sufren.
Y esa mierda —que debería ser suficiente— parece no bastar.
Vivimos en una época curiosa.
La atención vale más que la causa.
La visibilidad pesa más que la compasión.
Y el espectáculo suele ganarle la partida a la solidaridad.
Hoy amar a los animales es muy fácil.
Basta con dar un like.
Compartir un video triste.
Escribir un comentario indignado.
Y listo.
Conciencia tranquila.
Pero cuando llega el momento real de apoyarlos —de incomodarse un poco, de exigir cambios, de votar por quienes los defienden—, el entusiasmo desaparece.
Muchísima gente dice amar a los animales.
Pero muy poca gente actúa realmente por ellos.
Porque en la cabina de votación aparecen otras prioridades:
el dinero, la «seguridad», «el empleo» —ja, ja, ja, ja,ja—, la «ideología» —ja, ja, ja, ja, ja—, la rabia contra el sistema.
Y entonces los animales vuelven a quedar en segundo plano.
O en el último lugar.
Como siempre.
No porque no importen.
Sino porque no producen votos.
Ese es su verdadero problema.
Los animales no votan.
No tienen lobby.
No tienen poder político.
No tienen una voz que haga ruido suficiente en el teatro de la política.
Y mientras eso no cambie, seguirán dependiendo de algo muy simple: de la conciencia de quienes sí pueden decidir.
Porque los animales no votan.
Y precisamente por eso alguien tiene que hacerlo por ellos.
Gracias, gracias, gracias.
Te leo.
Te deseo un excelente y maravilloso día.
Namastè
